Los mercados energéticos mundiales viven uno de sus momentos más críticos desde 2022. El precio del petróleo se disparó hasta 119.5 dólares por barril este lunes 9 de marzo, alcanzando niveles no vistos en casi cuatro años, tras el bloqueo del Estrecho de Ormuz por el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. Para México, país que importa el 60% de sus combustibles, esta crisis representa un desafío inmediato: proteger el bolsillo de los ciudadanos mientras mantiene las finanzas públicas en equilibrio.
El Estrecho de Ormuz: el estrangulamiento energético del planeta
El Estrecho de Ormuz es un canal de apenas 33 kilómetros de ancho ubicado entre Irán y la península arábiga. Por esta estrecha vía transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial y una proporción similar del gas natural licuado. Desde que Estados Unidos e Israel iniciaron ataques contra Irán el 28 de febrero, más de un centenar de buques permanecen varados en sus inmediaciones, y el tráfico comercial se ha detenido casi por completo.
En solo diez días de conflicto, el impacto en los mercados ha sido devastador. El petróleo Brent, referencia internacional, registró su mayor ganancia en un solo día desde abril de 2020, disparándose un 15% hasta superar los 107 dólares por barril. El West Texas Intermediate (WTI), referencia en Estados Unidos, alcanzó los 103 dólares con aumentos superiores al 13%. Algunos contratos llegaron a tocar los 119.5 dólares, un precio que no se veía desde mediados de 2022.
Citigroup estima que el mercado petrolero está perdiendo entre 7 y 11 millones de barriles diarios de oferta debido a las interrupciones en el Estrecho de Ormuz. Esta contracción abrupta de la oferta global ha generado una reacción en cadena: productores clave como Kuwait, Irak, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita han comenzado a reducir su producción ante la imposibilidad de exportar el crudo.

Productores paralizan operaciones ante el cierre naval
Kuwait Petroleum Corporation, el quinto mayor productor de la OPEP, anunció recortes preventivos en la producción de petróleo y en la capacidad de refinación, citando amenazas iraníes al transporte marítimo. La empresa declaró fuerza mayor en sus envíos, aunque no especificó cuánto reduciría la producción exactamente.
En Irak, la situación es aún más grave. La producción de sus tres principales yacimientos petrolíferos del sur ha caído aproximadamente un 70%, pasando de 4.3 millones de barriles por día a solo 1.3 millones, según funcionarios del sector. Por su parte, Emiratos Árabes Unidos indicó que gestiona cuidadosamente la producción offshore para atender necesidades de almacenamiento, mientras que las operaciones en tierra continúan con normalidad.
Arabia Saudita, el mayor exportador mundial, suspendió la producción en su mayor refinería nacional y aumentó los precios del petróleo para los compradores asiáticos. La estrategia saudí incluye redirigir envíos a través de puertos del Mar Rojo para eludir el Estrecho de Ormuz, aunque esta ruta alternativa implica costos logísticos significativamente mayores.
Qatar, uno de los principales exportadores de gas natural licuado del mundo, cerró sus instalaciones que suministran cerca del 20% de las exportaciones mundiales. El ministro de Energía de Qatar, Saad al-Kaabi, advirtió al Financial Times que los exportadores del Golfo detendrían la producción en cuestión de días si los petroleros no pueden pasar por el Estrecho de Ormuz, y pronosticó que el petróleo podría dispararse hasta 150 dólares por barril en dos o tres semanas.
El efecto dominó: mercados globales en alerta máxima
La crisis energética ha provocado un efecto dominó en los mercados globales. En Europa, los precios del gas natural se dispararon un 40% en solo dos días, mientras que productos como fertilizantes, azúcar y soja también mostraron incrementos significativos. Los contratos de gasolina en Estados Unidos alcanzaron su máximo desde 2022, en torno a 3.22 dólares el galón.
Las bolsas de Asia iniciaron la semana con fuertes pérdidas. En Japón, el índice Nikkei 225 se desplomó más de 7%, alcanzando su nivel más bajo en dos meses. Los inversionistas temen que un conflicto prolongado podría impactar significativamente el suministro mundial de petróleo y desatar un nuevo ciclo inflacionario global que frene la recuperación económica en Europa y Asia.
China ordenó a las mayores refinerías que suspendan las exportaciones de diésel y gasolina, ajustando aún más los mercados petroleros. Los futuros del diésel europeo alcanzaron su nivel más alto desde octubre de 2022, a 1,130 dólares, reflejando la tensión en el mercado de productos refinados.
Trump vs. los mercados: “un precio pequeño a pagar”
La postura del presidente Donald Trump ha sido contundente y controversial. En su red social Truth Social publicó que los precios elevados del petróleo son “un precio muy pequeño a pagar por la seguridad y la paz de Estados Unidos y del mundo”, agregando: “¡SOLO LOS NECIOS PENSARÍAN LO CONTRARIO!” El viernes instó a Irán a aceptar la rendición incondicional, amplificando los temores de que un conflicto prolongado podría impactar significativamente el suministro mundial.
Sin embargo, el director del Consejo Económico Nacional, Kevin Hassett, negó que la Casa Blanca planee recurrir pronto a la Reserva Estratégica de Petróleo. “Tenemos todo un conjunto de herramientas disponibles para utilizar”, declaró Hassett a Bloomberg, aunque sin especificar cuáles serían esas medidas concretas.
El aumento del petróleo representa un gran riesgo político para Trump y sus compañeros republicanos de cara a las elecciones de mitad de mandato de noviembre. En Estados Unidos, donde los precios de la gasolina tienen un fuerte peso político, el combustible superó los 3 dólares por galón por primera vez desde noviembre, apenas semanas después de que Trump alardeara de haber reducido los precios a 2 dólares.
Estados Unidos anunció que permitirá temporalmente a India comprar petróleo ruso durante 30 días, una medida que podría aliviar parcialmente las tensiones en el corto plazo. Japón también está considerando utilizar sus reservas estratégicas, aunque aún no se ha tomado ninguna decisión definitiva.

México: la paradoja del petróleo caro
Para México, la situación presenta una paradoja compleja. Por un lado, como exportador de crudo, el país se beneficia de precios más altos. Según Daniel Dreizzen, de la consultora Aleph Energy, un barril de crudo por encima de 100 dólares implica unos 5,000 millones de dólares más de superávit energético para México.
Sin embargo, el balance financiero podría ser negativo. José Luis Contreras Valenzuela, presidente de la Asociación de Industriales de la Mesa de Otay (AIMO), explicó la paradoja: “Lo que ganemos en la exportación del petróleo vamos a perder por el lado de la importación de gasolinas, de derivados”. México no es autosuficiente en la producción de combustibles refinados, lo que obliga a comprar gasolinas a precios elevados en el extranjero.
Datos de la Secretaría de Energía (Sener) revelan que hasta 2024, México importó en promedio 1,079,000 barriles diarios de gasolinas y naftas, mientras la producción nacional de gasolinas fue de solo 668,000 barriles diarios. Esta dependencia estructural hace a México particularmente vulnerable a los choques externos en los precios del petróleo.
El escudo fiscal: cómo México protege el precio de la gasolina
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha sido enfática en que el país cuenta con mecanismos para amortiguar los efectos del alza internacional. “Hay un esquema que hizo el presidente López Obrador en 2022, con la guerra en Ucrania, cuando subieron los precios y se compensó con el impuesto, con el IEPS, para que no subiera la gasolina a la gente y ese quedó ya establecido”, explicó la mandataria.
El Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) funciona como un amortiguador fiscal. Cuando el precio internacional del petróleo sube, el gobierno puede reducir temporalmente este impuesto para mantener estables los precios al consumidor. De acuerdo con la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), hasta el 2 de marzo de 2026 se mantienen precios promedio nacionales de 23.54 pesos por litro para la gasolina regular, 25.71 pesos para la premium y 26.35 pesos para el diésel.
Alejandro Montufar Helu Jiménez, director general de PetroIntelligence, señaló que “el gobierno mitiga el impacto antes del precio de mayoreo vía los estímulos fiscales o los adicionales que estarían implementando, como ya vimos hace unos años”. Según el analista, los expendedores de gasolina no recibirán el impacto de la reciente escalada internacional mientras el gobierno active estos mecanismos de protección.
Además, está vigente un acuerdo entre el gobierno federal, Pemex y el sector empresarial para mantener el precio de la gasolina regular en 24 pesos por litro, un compromiso que hasta ahora se ha respetado a pesar de las presiones internacionales.
El costo fiscal de la estabilidad
Sin embargo, mantener los precios estables tiene un costo. Según la Secretaría de Hacienda, el 40% del precio de la gasolina está determinado por la referencia internacional, lo que incluye el costo de adquisición del crudo, la refinación y el margen de importación. Cuando el gobierno reduce el IEPS para absorber aumentos internacionales, sacrifica ingresos fiscales.
Para 2026, Hacienda estima que la recaudación del IEPS a combustibles será de 473,279 millones de pesos, una caída del 6.7% respecto a lo estimado para 2025. Esta reducción refleja precisamente el uso intensivo de estímulos fiscales para proteger a los consumidores de las alzas internacionales.
El otro “sacrificado” en esta ecuación es Pemex. Ramsés Pech, especialista en energía, explicó que si el gobierno no otorga estímulos fiscales suficientes, la petrolera estatal debe rebajar los precios en las terminales a los gasolineros para que el precio final al consumidor no suba. Esta presión adicional sobre las finanzas de Pemex complica aún más la situación de una empresa que arrastra pérdidas históricas.

El tipo de cambio: la otra presión sobre la inflación
El impacto de la crisis petrolera va más allá de los combustibles. El peso mexicano rompió este lunes la barrera de los 18 pesos por dólar, nivel no visto desde principios de año. Una divisa debilitada encarece las importaciones y añade presión adicional sobre una inflación que en febrero ya se ubicó en 4.02% anual, por encima de la meta del Banco de México.
El Banco de México enfrenta una disyuntiva compleja: bajar tasas de interés para estimular una economía que se desacelera, o mantenerlas altas para contener una inflación que podría volver a desbordarse si el conflicto en Medio Oriente se prolonga. Los analistas advierten que si el bloqueo del Estrecho de Ormuz se extiende por semanas, el barril podría alcanzar los 120 dólares. Si el conflicto se prolonga meses, algunas proyecciones apuntan hasta los 200 dólares.
Un escenario de petróleo a 150 o 200 dólares por barril desataría presiones inflacionarias comparables a las vividas tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, cuando la inflación en México alcanzó máximos de dos décadas. Para el ciudadano mexicano, esto se traduciría en mayor costo de transporte, alimentos (cuyos precios dependen del diésel) y productos importados.
¿Cuánto tiempo puede durar el escudo?
El gobierno federal insiste en que la prioridad es evitar presiones inflacionarias y proteger el poder adquisitivo de las familias. El Paquete contra la Inflación y la Carestía incluye la estabilización de los precios de los combustibles, especialmente el diésel, por su influencia en el transporte de mercancías.
Sin embargo, especialistas advierten que el ajuste en los precios internacionales suele reflejarse con un desfase de una a tres semanas en el mercado mexicano. Si la tensión en Medio Oriente continúa y el petróleo se mantiene en niveles elevados por períodos prolongados, el aumento podría trasladarse gradualmente a las gasolineras, incluso con los mecanismos de protección fiscal.
Luis Miguel Labardini, socio de Marcos y Asociados, explicó que el IEPS tiene límites: “El IEPS es un amortiguador que sube su tasa cuando las cotizaciones internacionales están bajas, para maximizar la recaudación sin que haya una gran volatilidad en el precio. Pero cuando las cotizaciones internacionales se disparan por períodos prolongados, el margen de maniobra se reduce”.
El horizonte: incertidumbre geopolítica máxima
La perspectiva de un conflicto prolongado mantiene al mercado en alerta máxima. El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, declaró a NBC News que su país no tiene intención de negociar y está preparado para una invasión terrestre. Mientras tanto, Irán ha seleccionado al hijo del fallecido Ayatolá Ali Jamenei como su nuevo Líder Supremo, lo que indica que los partidarios de la línea dura siguen firmemente al mando en Teherán.
La guerra podría dejar a los consumidores y las empresas de todo el mundo enfrentándose a semanas o meses de precios más altos del combustible, incluso aunque el conflicto termine rápidamente, ya que los proveedores se enfrentan a instalaciones dañadas, logística interrumpida y riesgos elevados para el transporte marítimo.
Para México, las variables a seguir de cerca en las próximas semanas son claras: el tipo de cambio, el precio en las bombas de gasolina, el comportamiento de los productos de la canasta básica que dependen del transporte, y la capacidad fiscal del gobierno para seguir absorbiendo los aumentos internacionales sin comprometer las metas de reducción del déficit y la deuda.
La crisis en el Estrecho de Ormuz representa una prueba de fuego para la estrategia energética de México. Mientras el país mantiene su compromiso de proteger a los consumidores, la sostenibilidad de este escudo fiscal dependerá de la duración del conflicto y de qué tan alto lleguen los precios internacionales. Por ahora, el gobierno mexicano ha logrado contener el impacto, pero la pregunta no es si habrá presión sobre los precios, sino cuánto tiempo podrá el país mantener las defensas antes de que el costo global termine por trasladarse al bolsillo de los ciudadanos.