La Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI) y la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT) confirmaron que los trabajos preparatorios para la construcción del supercomputador “Coatlicue” siguen su curso, con el inicio formal de la obra civil programado para el segundo semestre de 2026.

Nombrada en honor a la diosa azteca de la tierra y la vida, “Coatlicue” se proyecta como la supercomputadora pública más potente de América Latina y una de las 20 más poderosas a nivel mundial. Contará con alrededor de 15,000 GPUs, lo que le permitirá realizar el equivalente al procesamiento simultáneo de 375,000 computadoras convencionales. Su capacidad estimada alcanzará los 314 PetaFLOPS (314 mil billones de operaciones por segundo), superando en varias veces a las actuales supercomputadoras de la región como Pegaso en Brasil o Clementina XXI en Argentina.
La inversión total asciende a 6 mil millones de pesos, recursos 100% públicos. La construcción, que tomará aproximadamente 24 meses, se realizará en una ubicación que aún se definirá en los próximos meses, priorizando un sitio con excelente conectividad y acceso abundante a energía y agua, recursos esenciales para el enfriamiento de un equipo de este tamaño.
Entre sus principales aplicaciones destacan:
- Mejora significativa en los pronósticos de eventos climáticos extremos (huracanes, sequías, inundaciones y olas de calor).
- Investigación científica avanzada en inteligencia artificial, modelado molecular, desarrollo de nuevos materiales y análisis genómico aplicado a la agricultura y la salud.
- Soporte a la toma de decisiones públicas en protección civil, gestión de recursos hídricos y políticas ambientales.
“Este no es solo un equipo de cómputo, es una herramienta estratégica para la protección de la población y el desarrollo sostenible del país. Coatlicue fortalecerá la capacidad nacional tecnológica en áreas de alto impacto económico”, ha señalado la presidenta Claudia Sheinbaum en presentaciones previas del proyecto.
Una vez operativa, prevista para mediados o finales de 2028, la supercomputadora estará disponible para universidades públicas, centros de investigación y empresas mexicanas a través de un esquema de acceso compartido y democratizado. Expertos consideran que este proyecto representa un paso histórico hacia la soberanía computacional de México, reduciendo la dependencia de infraestructura extranjera y posicionando al país como un actor relevante en la carrera global de la computación de alto rendimiento.
