El Golfo de México enfrenta una de las peores crisis ambientales de los últimos años. Desde principios de marzo, balsas de petróleo han contaminado más de 600 kilómetros de costa, afectando principalmente las playas de Tabasco, Veracruz y ahora Tamaulipas. La presidenta Claudia Sheinbaum informó este martes en su conferencia matutina desde Palacio Nacional que se está realizando una revisión exhaustiva de todas las instalaciones del campo Cantarell, en la Sonda de Campeche, para descartar cualquier fuga en los ductos submarinos de Pemex.

Sheinbaum anunció que el miércoles se reunirá con el grupo interdisciplinario integrado por la Secretaría de Marina, Semarnat, la Secretaría de Energía, la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente, Pemex y Profepa. “En caso de encontrar algún problema, se informará de inmediato a la población”, aseguró. Los científicos analizan si las emanaciones observadas en la zona son naturales o provienen de una falla en las infraestructuras.
El caso ha generado controversia tras la publicación de imágenes satelitales que muestran al buque Árbol Grande —contratado por Pemex para reparar ductos— anclado durante ocho días (casi 200 horas) sobre el oleoducto Old AK C, que conecta Cantarell con la terminal de Dos Bocas. Alrededor del barco se observaba una enorme mancha aceitosa de decenas de kilómetros cuadrados. Pemex respondió en un comunicado que “un barco detenido en alta mar no significa que abajo exista un ducto roto”, y rechazó que haya habido fugas en febrero. Sin embargo, las autoridades ambientales ya identificaron esa misma mancha como uno de los orígenes del derrame que llegó a las costas veracruzanas.
El impacto es devastador. Comunidades pesqueras reportan la muerte masiva de tortugas, peces y delfines. Playas enteras han quedado cubiertas de chapopote, afectando el turismo y la economía local. El grupo interdisciplinario ha instalado barreras de contención y realiza dispersión mecánica, además de revisar los ductos Akal C y Akal H. Pemex insiste en que no oculta información y que no hubo roturas en sus instalaciones durante febrero.
Este derrame no solo representa un riesgo ecológico inmediato, sino un llamado de atención sobre la seguridad de la infraestructura petrolera en el Golfo. Expertos ambientales advierten que, de confirmarse una fuga crónica, podría haber consecuencias a largo plazo para los ecosistemas marinos y las comunidades costeras que dependen del mar. Sheinbaum ha enfatizado la importancia de la transparencia y la ciencia para resolver la crisis. Mientras tanto, miles de personas en Veracruz y Tamaulipas exigen respuestas claras y una limpieza efectiva que restaure sus playas y su forma de vida.
